Limpiemos el disco duro musical

Hace unos días me encontré una viñeta en Público (ese periódico que me leo en el tren) y no pude dejar de buscarla para vosotros, porque me reí y me sorprendí, que pensaba yo que el Spotify no lo conocía ni su padre.


Por si acaso no lo conocéis, os lo cuento, aunque ya lo contó el hombre con criterio hace tiempo. Es un programita donde se puede escuchar mucha y variada música gratis y online. Así, resumido. Hace falta invitación, yo tengo nueve (¿o eran 10?) si alguien quiere que me de su correo. El programita te lo tienes que bajar, pero una vez bajado te puedes escuchar discografías enteras, y rayarlas una y otra vez mientras tengas Internet conectado. No las puedes bajar (ya sería mucho), pero a mi me gusta, porque le veo la ventaja de poder probar grupos y cedés nuevos sin esperar milenios a bajarlos para que luego no te terminen de convencer. Es también una forma de limpiar el PC de música (confesad, ¿cuantos gigas de música tenéis? ¿y cuantos escucháis?) que ya sabemos que todos guardamos canciones horribles del año de la pana y están ahí ocupando espacio.

Total, que la viñeta mola y Spotify también. Y que quién quiera invitación que la pida.

Rebienvenida (ya son 50)

Hay muchas posibilidades de que esta sea la primera entrada que lees de este blog. Bienvenido seas, hoy y aquel 11 de noviembre, en el que empezamos.

Quizás para muchos, 50 entradas no sean demasiadas. Para mi lo son, porque este blog soy yo, y cincuenta entradas son cincuenta pasos míos hacia delante. En el último no llegué a tanto, así que aquí las celebro y las amo.

Hemos averiguado juntos (y lo seguiremos haciendo) que la música me mueve, que a veces sé quien soy, que a veces no, que estoy llena de pasión, que estoy loca, que veo mil películas y leo aquello que me relaja, que cuento historias a mi manera, que pienso mucho en partidos, pactos y parlamentos, y que en la red me siento una conexión más. Aún quedan algunas cosas por averiguar, y nunca vamos a terminar de contar sobre las ya descubiertas, por ello te pido, que te quedes conmigo, ya sea en RSS, Twitter (uy, novedad) o web, léeme, coméntame, que estaré encantada de tenerte cerca.

¡Cuan lejos está el futuro y cuan emocionante es esperarlo!

Mi España

Este país tiene un problema. Se llama "querer mucho a la tierra" y "no quererla nada". Yo estoy en el grupo dos, pero os lo voy a explicar un poco mejor, para que los latinos dejen de preguntarse, porque rayos a algunos no nos gusta nuestra bandera y porque rayos nos importan a todos tanto las elecciones del País Vasco, que al fin y al cabo son elecciones para el gobierno de una región.

Hace muchos años (pero tampoco demasiados, y esto es importante), un dictador gobernó España, y gritó Viva España en cada acto, colocó la bandera de España en todos lados, e hizo, del amor a España, un sinónimo del amor a su régimen. Con el tiempo el dictador se murió, y llegó la democracia. Pero la democracia tenía la misma bandera y el mismo Viva España del dictador. Las heridas de esa dictadura aún están abiertas, y aquellos cercanos a las ideas franquistas aún entonan el Viva España y visten la bandera como la de sus propias ideas. ¿Cómo puedo así amar a mi bandera y a mi país, si personas cuyas ideas me parecen detestables han hecho suyos esos símbolos? No me sale, de verdad, no me sale. Si miro a mi bandera, sigo viendo ideas impuestas, dictadura y atraso. En ella no soy capaz de ver la democracia, la libertad y la tolerancia por la que se lucha aquí. Así pues, no soy española de corazón, ni estoy orgullosa de donde nací, porque creo que aún conservamos los símbolos y las ideas de un pasado al que no aprecio en nada.

Pero hay más. Como los indios americanos que protestan hoy por haber sido maltratados y censurados por sus colonizadores en el pasado, en España hay muchas culturas, historias y lenguas que un día se aplastaron para que la ya famosa bandera del ya famoso dictador fuera la única reinante. Por esa historia, por esa cultura y por esa lengua y por la independencia de estas, lucharon y luchan muchos, legal e ilegalmente, hasta el punto de matar, torturar y secuestrar por ello (y estoy hablando ahora, nos guste o no, del terrorismo). Curiosamente, algunas (y digo algunas, que no todas) de las regiones que reclaman derechos para su cultura son las más ricas del país. Y si juntamos dinero con ideas, represión con libertad y terrorismo con independencia, tenemos el cóctel para que trabajar con la política, y con ella con las leyes y con el sentimiento de España, sea como entrar a la cueva de ogro e intentar robarle el mazo sin despertarle. Algo que requiere de mucha delicadeza, negociación y uso de la ambigüedad de la palabra.

Tenemos partidos a los que les encanta España (y con ella la bandera y esas cosas de las que ya hablé); a los que no les gusta nada y se pasan la vida molestando (a estos les ilegalizan cada dos por tres); a los que les gusta su región y les importa un pie el resto (tanto así que sólo piden para ellos y al resto que les den); a los que les gusta tanto su región que tienen el sueño de separarse de España (y se creen que si se separan van a aguantar solitos, ¡ja!) y a los que prefieren no opinar muy alto porque se pegan a quien más les conviene en cada momento (estos son los míos). A todos estos, les tenemos metidos en el parlamento, pegándose por el dinero, las ideas, la libertad, la represión, el terrorismo y la independencia. Llevándose muy bien a ratos, y muy mal a otros ratos, pactando y rompiendo pactos, pidiendo, dando y quitando.

Y ayer; en la que sin duda es la región más región de todas, la que más se pelea por ser lo que es, por estar en España y por no estar, la que no termina aún de no tener muertos por la causa, la que ha llegado a generar hasta la división de un gran partido por no ponerse de acuerdo; ayer, pasó algo. El pueblo votó, y les dijo a quienes tanto ha querido alejarse de España, a quienes han gobernado desde siempre, que se acabó. Que les gusta su lengua, su cultura, su historia y su tierra, pero que también les gusta España. Han dado el voto a todos y a ninguno, y ahora más que nunca, toca llevarse bien, pactar, negociar y dar. Toca cambiar.

Historias

Siempre he admirado a aquellos que escriben historias tan largas como para crear novelas. Yo, que tengo escaso tesón y un nulo don para la narración, les miro desde lejos, con envidia, con la ilusión de contar una historia, pero con la sensación de no saber por donde empezar.

Creo que es (en parte) cuestión de organización, de crear una estructura de capítulos, de saber con detalle que va a pasar en cada momento. Esa parte, quizás no me resultaría difícil, pero le veo un fallo. ¿Donde queda la improvisación? ¿Qué pasa si aún no tengo pensado el final? No lo puedo dejar al azar, necesito averiguar más.

Y digo que necesito averiguar más, porque tengo mi historia. Una historia inspirada en algo que me ató una y dos veces, una historia inspirada en aquello que imagino cada noche. Una historia con una escalera, una historia llena de historia. Una historia, que por cierto, necesita mucho trabajo, mucha búsqueda y muchas cosas que aún no le encontré.

Pero una vez me dijeron que yo siempre tengo lo que quiero, y aunque yo no diría siempre, si diría casi siempre. Por eso sé, que más tarde o más temprano, encontraré mi esquema, mi final y mi historia y que cuando lo tenga, ya sólo me faltará el hijo que no quiero tener para poder morirme en paz.

Chocolate


Qué placer morder un trozo de chocolate. La boca se hace agua al abrirla para inaugurar el bombón, la tableta, la chocolatina o el pedacito que robaste a tu prima. El mundo se para, todo esta preparado para el dulce, para la suavidad, para el placer. Delicioso es poco, para algo que parece salido del Olimpo de los Dioses. Saborearlo, deshacerlo en la boca, sentir como se derrite, es orgásmico.

Suena porno, lo sé, pero es así. A mi me gusta con leche y avellanas, pero no rechazo el barquillo, el blanco, las nueces, el caramelo... Sigue siendo chocolate. Si te comes tres cajas, igual te empalagas, porque lo bueno es mejor en pequeñas partes. O al menos, en partes digeribles.

Buscando en el baúl de los recuerdos

¡Lejos del futuro, estrena vlog!

Amor

El amor nos vuelve locos. El amor nos crea paranoias, nos hace ser lo que no somos. Nos vuelve celosos, indecisos, temerosos, inmaduros e inseguros. Nos muestra fantasmas donde no los hay, nos hace cometer errores que nunca cometeríamos. Nos hace llorar con toda el alma, nos hace huir, escondernos, enterrarnos y matarnos. El amor nos aleja de quien amamos, nos hace perder los papeles y asustar a todo el que nos quiere. El amor tiende a ser un gran error, la tortura hasta de los más listos. El amor es el sueño de todos y la posesión de muy pocos.

Pero el amor nos hace cantar. Nos hace sentir en grado sumo, nos hace sonreír como nunca, llorar como nunca, amar como nunca. El amor nos hace suspirar, nos hace soñar, nos hace volar. El amor nos hace caminar, levantarnos, movernos, sentirnos llenos. El amor da sentido a todo lo que no lo tiene, el amor te da vida cuando ya la creías perdida.

El amor es un ni contigo ni sin ti, un posible imposible, en el que nos dejaron las puertas cerradas. Ojalá algunas personas me dejaran que las amara. Ojalá pudiera amar a quienes están tan lejos. Ojalá dejará de amar a quién no me ama.