Estoy enfadada. Al parecer como leo Harry Potter soy idiota. Al parecer como leo novelas románticas soy idiota. Al parecer mis amigos que se compran varitas son idiotas.
¿No tengo criterio? ¿No tengo cultura? ¿No tengo inteligencia? ¿No tengo vida? Venga ya. Trabajo, estudio, salgo y en los ratos libres leo lo que me sale del pie, cuanto más tonto y absorbente mejor, no me voy a dedicar a la reflexión máxima en los pocos ratos que tengo para descansar.
La cultura de masas, los best sellers, la televisión, son un break dentro de un mundo en el que nos caemos veinte veces diarias y muchas de ellas no tenemos ganas de levantarnos y nos apetece mandarlo todo a paseo. Pero sacamos fuerzas de donde no hay, y nos levantamos porque quizás cuando lleguemos a casa a las diez de la noche alguien o algo nos provoque una sonrisa, aunque no sea sesudo ni educativo.
Amo la literatura clásica, me encanta analizarla, la vivo en cada una de mis clases y la absorbo en mi para el futuro y el presente. Pero no me la voy a leer en mi tiempo libre, porque me requiere esfuerzo y no la disfruto igual. Me gusta pensar, elaborar teorías sobre el mundo, la vida, la política y la filosofía y por esa misma razón sé que todo en la televisión es mentira, pero eso no me quita que esta me divierta y me guste verla.
El ocio es necesario y esencial, y las altas reflexiones se quedan siempre en las universidades. ¿Es culpa de la cultura de masas? No, es culpa de las altas reflexiones, cuya dificultad no es adecuada para la vida real, igual que las historias de novelas románticas no son la realidad. Altas reflexiones que tienen tanto ego que al acercarte a ellas te dan la bienvenida en las narices diciéndote que eres idiota por vivir en la cultura de masas. Así desde luego que, siempre serán altas reflexiones de altos egocéntricos.
Personalmente, los idiotas son aquellos que se creen más grandes que el resto porque no leen best sellers, no ven televisión o vete tú a saber qué más cosas de bajo nivel hago. Me da igual, soy idiota, o algo.
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Es increíble que la vida privada de los actores, toreros, modelos, cantantes y presentadores nos interese tanto. Pero más increíble es que la vida de gente parientes y ex-parientes de esas personas conocidas también nos interese. Y más increíble todavía que los montajes de gente que a saber si tiene o no relación con gente conocida nos interese. Ahora, que para alucinante de verdad es que haya gente que pague y mantenga todo el circo. Y en España, uno de los maestros de ceremonias es Paolo Vasile, consejero delegado de TeleCinco, que el domingo fue entrevistado por el Magazine de El Mundo.
El enemigo declarado de LaSexta, y más concretamente de los chicos del programa Sé lo que hicisteis, que primero dieron palos a su cadena de televisión por remover en la mierda ajena y que tras que les pusieran una demanda por emitir sus imágenes, le dieron palos a él; va de elegante en sus respuestas pero demuestra que es lo que hace.
Le gustan los dramas y los monta en el 80% de la programación de la quinta cadena, no entiende el humor y por eso no entiende LaSexta ni sus críticas cargadas de buena comedia. Se queja de que le ataquen e intenten destruirle sin ser un personaje público, cuando mucho antes de que LaSexta existiera él pagaba a gente para que hiciera lo mismo (o peor, porque a él todavía no le persigue una jauría de reporteros) con otros. Ojalá nunca le toque ver cómo diseccionan las causas de su muerte sin criterio ni respeto como han hecho en sus programas. Ojalá nunca le toque ver cómo alguien paga a una mujer para que esta vaya diciendo por ahí que es su amante, como han hecho en su cadena tantas veces. Tiene suerte de que su guerra sea contra la gente inteligente de SLQH y no contra sus propias redacciones llenas de gente sin principios.
¡Cómo me molesta tanta hipocresía, carajo!
El enemigo declarado de LaSexta, y más concretamente de los chicos del programa Sé lo que hicisteis, que primero dieron palos a su cadena de televisión por remover en la mierda ajena y que tras que les pusieran una demanda por emitir sus imágenes, le dieron palos a él; va de elegante en sus respuestas pero demuestra que es lo que hace.
Le gustan los dramas y los monta en el 80% de la programación de la quinta cadena, no entiende el humor y por eso no entiende LaSexta ni sus críticas cargadas de buena comedia. Se queja de que le ataquen e intenten destruirle sin ser un personaje público, cuando mucho antes de que LaSexta existiera él pagaba a gente para que hiciera lo mismo (o peor, porque a él todavía no le persigue una jauría de reporteros) con otros. Ojalá nunca le toque ver cómo diseccionan las causas de su muerte sin criterio ni respeto como han hecho en sus programas. Ojalá nunca le toque ver cómo alguien paga a una mujer para que esta vaya diciendo por ahí que es su amante, como han hecho en su cadena tantas veces. Tiene suerte de que su guerra sea contra la gente inteligente de SLQH y no contra sus propias redacciones llenas de gente sin principios.
¡Cómo me molesta tanta hipocresía, carajo!
Es lunes (bueno, ya martes), son las 2 AM y la programación nocturna de Cuatro ha degenerado a anuncios de chats porno, alargadores de pene (cuando te lo cuentan no te lo crees, pero estar leyendo, levantar un ojo a la pantalla y descubrir que venden ese aparato, trastorna) y concursos para ganar millones con un sms.
A lo largo de estos días, en los que no he tenido casi acceso a wifi, y a una televisión que sintonizara La Sexta, me he dedicado a recuperar mi adicción televisiva de “hasta que se pongan a sacar la teletienda no me duermo” y he revisado la programación de Antena 3, TeleCinco, La 2 y Cuatro. De La 1 he pasado, demasiada serie novelesca de producción propia. Mis vicios son las series extranjeras y los programas nacionales. El juicio, no cambia (casi) del tres años atrás.
Antena 3 es “Simpsons”, series novelescas de producción propia (dos cosas que no miro), “El diario” (sin Patricia, lo que aguanto esa pobre mujer) y programas del corazón de tintes pornográficos (véase “DEC” y su Mariñas a lo que todo puede sacar punta, y no tiene esto doble sentido).
TeleCinco es realitys (mención especial a uno que pusieron a la una de la mañana, presentado, perdón, calentado por la ex – tomatera Carmen Alcayde y donde se dedican a tirar a pobres frikis a una piscina, mi hermano lo definió a la perfección como “humor amarillo sin japoneses”); “C.S.I.” (porque son las tres de la mañana y están dando “C.S.I.”? ¿esa serie no termina nunca?); y programas del corazón de tintes pornográficos (¿alguien más vio a la tía que se metía bengalas por el culo en “La Noria”? ¿quién tuvo la genial idea de llevarla?) o con ganas de molestar simplemente (Los de “Sálvame” se creen graciosos, pero son las marujas de siempre).
Cuatro es quizás la más cambiada. A pesar de que mantienen sus series buenas (“Anatomía de Grey”, la maravillosa “House”), han comprado bodrios de la talla de “La vida secreta de una adolescente” (¿nadie les dijo que un título largo sino es de coña será un grave error?) , la cual no sé si da miedo o ganas de reír, o “Gossip Girl” que, a pesar de que me vais a tirar los trastos a la cabeza unos cuantos, me ha parecido de pésimo argumento y peores (pero bellos, nadie niega eso) actores, aunque con posibilidad de mejora (no como la de la adolescente preñada). Siempre apostaron por los concursos, y bajo mi criterio se han pasado, puesto que algunos no tienen gracia alguna (¿Nadie se da cuenta de que a Carlos Baute, presentador de “Elígeme”, lo que le apetece es mandar a la mierda a los chicos que van y montarse una orgía con todas las chicas solteras del plató?) y otros son demasiado sosos como para durar el año que ya están durando (véase “Password”). A esto, podemos añadir que Gabilondo, por muy de acuerdo que esté con él, no sabe lo que significa el punto de vista objetivo en su telediario, que Pablo Motos está explotando “El Hormiguero” con mucho trabajo y muy poca gracia y que los de “Fama” bailan cada vez más raro. Y pensar que un día era mi cadena favorita.
Pero no, ese lugar es ahora de “Ay-que-mal-se-ve-La-Sexta”. Por desgracia a mi casa (y ni mucho menos a mi pueblo), la televisión digital terreste (mi abuelo la llamó el otro día DGT, pero se lo perdonamos por la edad y tal) no ha llegado demasiado bien, así que las cosas se ven pelín mal. ¡Pero no importa! Que la gente de La Sexta (y de La 1, y de Antena 3, y de alguna más) sube su programación de producción propia a la web pocas horas después de emitirla, así que nadie se pierde ningún programa. Pero voy al grano, que ya me desvío ¿porqué La Sexta? La razón es sencilla, porque se ríen de todo el mundo, incluidos (y especialmente) ellos mismos. Meten la pata, exageran papeles, tienen (relativamente) poca audiencia, dicen burradas… ¡pero no importa! Ellos se ríen de sí mismos. Y de los de las otras cadenas, y de los políticos, y de los famosos, claro. No se salva nadie, ni en “Salvados”. ¿Algo negativo? Que está lleno de tías buenas, si no eres alta (o digna de tacones), delgada y de buen ver, no entras por la puerta. Eso sí, chicos feos hay mogollón (pero a mí me gustan los feos, ¡qué vida esta!).
Decía que he visto también La 2, que para nada es mi cadena favorita, puesto que los documentales de animalitos no son lo mío, pero que tiene un programa que lleva durando siglos (¿qué no dura siglos en esa cadena? ¡Qué le pregunten a Jordi Hurtado y su “Saber y Ganar”!), al que me enganché durante diversas madrugadas de verano. “La Noche Temática”, toma un tema cada noche de sábado y lo analiza a través de geniales documentales y películas de hace mil años. Si el tema te interesa, aunque sólo sea un poquito, puedes encontrarte a las cinco de la mañana viendo a una anoréxica vomitar. Simplemente fascinante.
Iba a cerrar la entrada ya (como me enrollo cuando quiero, leche), pero en TeleCinco, “El tarot de Alicia Galván” me dice que Escorpio (o sea, yo) es el signo más apasionado y misterioso, y que este verano vivirá “a tope”. ¡Qué sabios son estos videntes! ¿Verdad, verdad?
¡Perdón, no, no! Mientras terminaba de escribir lo del el tarot ha comenzado un concurso nocturno para sacar dinero a la gente y no puedo no comentar esto, por que lo presenta –redoble de tambores- ¡Aída Nizar! La gente que no esté puesta no lo sabrá, pero es una ex - concursante de Gran Hermano odiada por media España por su terrible genio y ganas de pegar voces e insultar en todos los platós de televisión. Quién iba a decir a esta mujer con tanto orgullo acabaría teniendo que trabajar a las tres de la mañana (al parecer es directo, porque ha dicho la hora bien) en un programa tan triste. Bueno, ya me voy a la cama, si, que tengo un interesante libro con el que avanzar (no, sueño no tengo).
A lo largo de estos días, en los que no he tenido casi acceso a wifi, y a una televisión que sintonizara La Sexta, me he dedicado a recuperar mi adicción televisiva de “hasta que se pongan a sacar la teletienda no me duermo” y he revisado la programación de Antena 3, TeleCinco, La 2 y Cuatro. De La 1 he pasado, demasiada serie novelesca de producción propia. Mis vicios son las series extranjeras y los programas nacionales. El juicio, no cambia (casi) del tres años atrás.
Antena 3 es “Simpsons”, series novelescas de producción propia (dos cosas que no miro), “El diario” (sin Patricia, lo que aguanto esa pobre mujer) y programas del corazón de tintes pornográficos (véase “DEC” y su Mariñas a lo que todo puede sacar punta, y no tiene esto doble sentido).
TeleCinco es realitys (mención especial a uno que pusieron a la una de la mañana, presentado, perdón, calentado por la ex – tomatera Carmen Alcayde y donde se dedican a tirar a pobres frikis a una piscina, mi hermano lo definió a la perfección como “humor amarillo sin japoneses”); “C.S.I.” (porque son las tres de la mañana y están dando “C.S.I.”? ¿esa serie no termina nunca?); y programas del corazón de tintes pornográficos (¿alguien más vio a la tía que se metía bengalas por el culo en “La Noria”? ¿quién tuvo la genial idea de llevarla?) o con ganas de molestar simplemente (Los de “Sálvame” se creen graciosos, pero son las marujas de siempre).
Cuatro es quizás la más cambiada. A pesar de que mantienen sus series buenas (“Anatomía de Grey”, la maravillosa “House”), han comprado bodrios de la talla de “La vida secreta de una adolescente” (¿nadie les dijo que un título largo sino es de coña será un grave error?) , la cual no sé si da miedo o ganas de reír, o “Gossip Girl” que, a pesar de que me vais a tirar los trastos a la cabeza unos cuantos, me ha parecido de pésimo argumento y peores (pero bellos, nadie niega eso) actores, aunque con posibilidad de mejora (no como la de la adolescente preñada). Siempre apostaron por los concursos, y bajo mi criterio se han pasado, puesto que algunos no tienen gracia alguna (¿Nadie se da cuenta de que a Carlos Baute, presentador de “Elígeme”, lo que le apetece es mandar a la mierda a los chicos que van y montarse una orgía con todas las chicas solteras del plató?) y otros son demasiado sosos como para durar el año que ya están durando (véase “Password”). A esto, podemos añadir que Gabilondo, por muy de acuerdo que esté con él, no sabe lo que significa el punto de vista objetivo en su telediario, que Pablo Motos está explotando “El Hormiguero” con mucho trabajo y muy poca gracia y que los de “Fama” bailan cada vez más raro. Y pensar que un día era mi cadena favorita.
Pero no, ese lugar es ahora de “Ay-que-mal-se-ve-La-Sexta”. Por desgracia a mi casa (y ni mucho menos a mi pueblo), la televisión digital terreste (mi abuelo la llamó el otro día DGT, pero se lo perdonamos por la edad y tal) no ha llegado demasiado bien, así que las cosas se ven pelín mal. ¡Pero no importa! Que la gente de La Sexta (y de La 1, y de Antena 3, y de alguna más) sube su programación de producción propia a la web pocas horas después de emitirla, así que nadie se pierde ningún programa. Pero voy al grano, que ya me desvío ¿porqué La Sexta? La razón es sencilla, porque se ríen de todo el mundo, incluidos (y especialmente) ellos mismos. Meten la pata, exageran papeles, tienen (relativamente) poca audiencia, dicen burradas… ¡pero no importa! Ellos se ríen de sí mismos. Y de los de las otras cadenas, y de los políticos, y de los famosos, claro. No se salva nadie, ni en “Salvados”. ¿Algo negativo? Que está lleno de tías buenas, si no eres alta (o digna de tacones), delgada y de buen ver, no entras por la puerta. Eso sí, chicos feos hay mogollón (pero a mí me gustan los feos, ¡qué vida esta!).
Decía que he visto también La 2, que para nada es mi cadena favorita, puesto que los documentales de animalitos no son lo mío, pero que tiene un programa que lleva durando siglos (¿qué no dura siglos en esa cadena? ¡Qué le pregunten a Jordi Hurtado y su “Saber y Ganar”!), al que me enganché durante diversas madrugadas de verano. “La Noche Temática”, toma un tema cada noche de sábado y lo analiza a través de geniales documentales y películas de hace mil años. Si el tema te interesa, aunque sólo sea un poquito, puedes encontrarte a las cinco de la mañana viendo a una anoréxica vomitar. Simplemente fascinante.
Iba a cerrar la entrada ya (como me enrollo cuando quiero, leche), pero en TeleCinco, “El tarot de Alicia Galván” me dice que Escorpio (o sea, yo) es el signo más apasionado y misterioso, y que este verano vivirá “a tope”. ¡Qué sabios son estos videntes! ¿Verdad, verdad?
¡Perdón, no, no! Mientras terminaba de escribir lo del el tarot ha comenzado un concurso nocturno para sacar dinero a la gente y no puedo no comentar esto, por que lo presenta –redoble de tambores- ¡Aída Nizar! La gente que no esté puesta no lo sabrá, pero es una ex - concursante de Gran Hermano odiada por media España por su terrible genio y ganas de pegar voces e insultar en todos los platós de televisión. Quién iba a decir a esta mujer con tanto orgullo acabaría teniendo que trabajar a las tres de la mañana (al parecer es directo, porque ha dicho la hora bien) en un programa tan triste. Bueno, ya me voy a la cama, si, que tengo un interesante libro con el que avanzar (no, sueño no tengo).
Imaginar que las bromas, charlas y situaciones que os suceden con vuestros amigos quedaran grabadas y las pudierais ver cada vez que os sentís solos, os aburrís o simplemente, en cualquier momento con sólo darle al play. ¿Mola, eh?
Pues si vuestros amigos viven en Nueva York y ninguno es feo tenéis dos series para elegir: La legendaria y finalizada Friends o la moderna y sorprendente Cómo conocí a vuestra madre (How I meet your mother). Friends la dejo para más adelante porque hoy os quiero hablar de una serie que comencé a ver porque no había nada mejor, que a terminado por atraparme, y que me empieza a parecer mucho mejor que Friends.
Y es que en Cómo conocí a vuestra madre ya sabemos que hay un final y que además es feliz, porque el narrador es el propio protagonista pero 30 años después hablando a sus hijos. Pero no, por el momento, y tras cuatro temporadas no hay ni rastro de la madre. Los que si salen son sus amigos de aquellos años, en total cinco personajes a cada cual más gracioso y apasionante: Robin, una presentadora de televisión mona, irónica y moderna en casi todos los sentidos; Lily, una profesora de infantil inocente, dulce y divertida; Marshall (cuyo actor odio por razones que no vienen al caso), el prometido de Lily, un idealista abogado ligeramente tonto en lo que a relaciones se refiere; Barney, el mas prototípico del grupo, un ligón sin principios y el protagonista, Ted, un arquitecto bondadoso que se pasa la vida buscando el amor ideal.
Contado a grandes rasgos parece lo de siempre, pero os puedo asegurar que no es así. En estas cuatro temporadas aún no tengo la sensación de que ninguno de los argumentos se repita, cada vez me río más, y sobretodo, cada vez me gusta más que el narrador sepa lo que va a pasar, porque de vez en cuando hace comentarios al margen sobre el futuro, adelantando pinceladas de la trama que no hace perder la gracia a la escena sino todo lo contrario, aumentan la emoción. Y se nota lo bien pensada que está, porque no olvidan ninguno de los detalles que desvelan, ni siquiera entre temporadas (os pondré un ejemplo: en la primera temporada Ted les dice a sus hijos que cuando cumplió 30 años sufrió un incidente con un cabra; en la tercera temporada, Ted cumple 30 años y nos cuenta lo de la cabra, ¡os juro que creí que se les olvidaría contarlo!).
Cómo conocí a vuestra madre es una serie moderna, de esas que generan cierto misterio (aunque sea de forma cómica) y tienen el hilo muy bien marcado, y además es divertida, variada en temas (para nada es sólo romántica, habla también de sexo –mucho, no nos engañemos-, de sus trabajos, sus familias, dinero, deportes… en eso se parece a Friends), poco convencional (no cae en chistes muy vistos) y con gusto (nada de chistes a lo Scary Movie que dan más asco que risa). ¡Uy, casi olvido decir que suelen tener cameos de cantantes y gente así! En España la emiten en La Sexta, y en Internet rondan todos los episodios tanto para descargar como para ver. ¡Os veo en mi tele, amigos!
Pues si vuestros amigos viven en Nueva York y ninguno es feo tenéis dos series para elegir: La legendaria y finalizada Friends o la moderna y sorprendente Cómo conocí a vuestra madre (How I meet your mother). Friends la dejo para más adelante porque hoy os quiero hablar de una serie que comencé a ver porque no había nada mejor, que a terminado por atraparme, y que me empieza a parecer mucho mejor que Friends.
Y es que en Cómo conocí a vuestra madre ya sabemos que hay un final y que además es feliz, porque el narrador es el propio protagonista pero 30 años después hablando a sus hijos. Pero no, por el momento, y tras cuatro temporadas no hay ni rastro de la madre. Los que si salen son sus amigos de aquellos años, en total cinco personajes a cada cual más gracioso y apasionante: Robin, una presentadora de televisión mona, irónica y moderna en casi todos los sentidos; Lily, una profesora de infantil inocente, dulce y divertida; Marshall (cuyo actor odio por razones que no vienen al caso), el prometido de Lily, un idealista abogado ligeramente tonto en lo que a relaciones se refiere; Barney, el mas prototípico del grupo, un ligón sin principios y el protagonista, Ted, un arquitecto bondadoso que se pasa la vida buscando el amor ideal.
Contado a grandes rasgos parece lo de siempre, pero os puedo asegurar que no es así. En estas cuatro temporadas aún no tengo la sensación de que ninguno de los argumentos se repita, cada vez me río más, y sobretodo, cada vez me gusta más que el narrador sepa lo que va a pasar, porque de vez en cuando hace comentarios al margen sobre el futuro, adelantando pinceladas de la trama que no hace perder la gracia a la escena sino todo lo contrario, aumentan la emoción. Y se nota lo bien pensada que está, porque no olvidan ninguno de los detalles que desvelan, ni siquiera entre temporadas (os pondré un ejemplo: en la primera temporada Ted les dice a sus hijos que cuando cumplió 30 años sufrió un incidente con un cabra; en la tercera temporada, Ted cumple 30 años y nos cuenta lo de la cabra, ¡os juro que creí que se les olvidaría contarlo!).
Cómo conocí a vuestra madre es una serie moderna, de esas que generan cierto misterio (aunque sea de forma cómica) y tienen el hilo muy bien marcado, y además es divertida, variada en temas (para nada es sólo romántica, habla también de sexo –mucho, no nos engañemos-, de sus trabajos, sus familias, dinero, deportes… en eso se parece a Friends), poco convencional (no cae en chistes muy vistos) y con gusto (nada de chistes a lo Scary Movie que dan más asco que risa). ¡Uy, casi olvido decir que suelen tener cameos de cantantes y gente así! En España la emiten en La Sexta, y en Internet rondan todos los episodios tanto para descargar como para ver. ¡Os veo en mi tele, amigos!
Si tenemos que hablar de mujeres y televisión, tenemos que hablar de otras chicas, las de Sexo en Nueva York (Sex and the City).
La serie tiene el nombre tremendamente bien puesto. El sexo está presente en todos y cada uno de los capítulos, junto con la City, la grande, emocionante y preciosa Nueva York.
Y ellas, aunque están (muy) buenas, tampoco son top models, y ni mucho menos reinas de la belleza. Lo excitante de la historia es que no tienen ni un pelo en la lengua ni con lo bueno, ni con lo malo. Las oirás gritar de gusto y de dolor, suspirar, insinuarse, declararse y rechazar de forma clara e intensa.
Pero no es el abundante y excitante contenido sexual de la serie lo que la hace tan fabulosa (¡ja! Ya creíais que hablaba de porno, ¿verdad?), sino que ellas cuatro, representan la esencia de la mente femenina: miedos, sueños, deseos y placeres en abundancia. Por eso está sí se la recomiendo a los hombres. Quizás no la lleguen a entender nunca, o quizás acaben descubriendo los secretos del universo femenino y lo usen para torturarnos, quién sabe.
Anotaciones al margen son que la película es pésima en comparación con la serie (¿qué nos depara en la segunda parte? oh lá lá); que Mr. Big tiene menos atractivo que un troll; que, aunque nunca lo llegó a confesar ni casada y con hijos, Miranda es lesbiana si o si; que si Samanta fuera (atención spoiler) lesbiana me la tiraba sin dudarlo y que el segundo marido de Charlotte me pone (y esto último es digno de análisis).
La serie tiene el nombre tremendamente bien puesto. El sexo está presente en todos y cada uno de los capítulos, junto con la City, la grande, emocionante y preciosa Nueva York.
Y ellas, aunque están (muy) buenas, tampoco son top models, y ni mucho menos reinas de la belleza. Lo excitante de la historia es que no tienen ni un pelo en la lengua ni con lo bueno, ni con lo malo. Las oirás gritar de gusto y de dolor, suspirar, insinuarse, declararse y rechazar de forma clara e intensa.
Pero no es el abundante y excitante contenido sexual de la serie lo que la hace tan fabulosa (¡ja! Ya creíais que hablaba de porno, ¿verdad?), sino que ellas cuatro, representan la esencia de la mente femenina: miedos, sueños, deseos y placeres en abundancia. Por eso está sí se la recomiendo a los hombres. Quizás no la lleguen a entender nunca, o quizás acaben descubriendo los secretos del universo femenino y lo usen para torturarnos, quién sabe.
Anotaciones al margen son que la película es pésima en comparación con la serie (¿qué nos depara en la segunda parte? oh lá lá); que Mr. Big tiene menos atractivo que un troll; que, aunque nunca lo llegó a confesar ni casada y con hijos, Miranda es lesbiana si o si; que si Samanta fuera (atención spoiler) lesbiana me la tiraba sin dudarlo y que el segundo marido de Charlotte me pone (y esto último es digno de análisis).
Se abre el telón. Stars Hollow, pueblecito estrambótico estadounidense nos recibe con una mujer joven de apasionantes ojos azules que entra en una cafetería y mira con ojos de amor al hombre del mostrador, quién le dirige una mirada de reprobación. Ella se acerca con una taza, le pone ojos de gatito de Shrek y le suplica que le de café. Tras conseguir la hazaña, mientras bebe de su taza, un chico de la barra intenta ligar con ella en vano y él, se retira. Es entonces cuando aparece nuestra segunda protagonista, una dulce muchachita con otros apasionantes ojos azules que se sienta con la mujer, y ambas se ponen a charlar de maquillaje y música. Terminada la primera taza de café, la mujer se levanta a buscar más, y es entonces cuando el chico que antes intentó ligar con ella se acerca para intentarlo con la muchacha, sin saber que ambas van juntas. La mujer, de regreso de la barra, descubre al intento de ligón que son madre e hija.
Este es el inicio de Las chicas Gilmore (Gilmore Girls), una comedia romántica de 153 episodios en los que uno no deja de encontrar un buen chiste en ninguno de ellos. Polémicas, provocadoras, alocadas, modernas, inteligentes, luchadoras, divertidas y femeninas, las Gilmore enganchan con rapidez hasta el final, del que sólo os desvelaré que es perfecto. En siete temporadas veremos crecer y cumplir sueños a la madre y a la hija, desde el primer novio de Rory (la hija), hasta la inauguración del hotel de Lorelai (la madre), pasando por las mil y una locuras de los estrambóticos personajes secundarios del pueblo en el que viven.
Si me preguntáis que es lo mejor de la serie, diré que hay dos cosas: Lorelai y Rory. Una por ser tan apasionantemente divertida y la otra por ser tan fascinantemente inteligente, son ejemplo para perseguir sueños, cumplirlos y disfrutarlos. Y entre ellas una forma precisa, delicada y perfecta de tratar grandes temas de la adolescencia, sin caer en tópicos, censuras, exageraciones ni tonterías, siendo estos un elemento más de la historia y no el único centro de ello.
Este es el inicio de Las chicas Gilmore (Gilmore Girls), una comedia romántica de 153 episodios en los que uno no deja de encontrar un buen chiste en ninguno de ellos. Polémicas, provocadoras, alocadas, modernas, inteligentes, luchadoras, divertidas y femeninas, las Gilmore enganchan con rapidez hasta el final, del que sólo os desvelaré que es perfecto. En siete temporadas veremos crecer y cumplir sueños a la madre y a la hija, desde el primer novio de Rory (la hija), hasta la inauguración del hotel de Lorelai (la madre), pasando por las mil y una locuras de los estrambóticos personajes secundarios del pueblo en el que viven.
Si me preguntáis que es lo mejor de la serie, diré que hay dos cosas: Lorelai y Rory. Una por ser tan apasionantemente divertida y la otra por ser tan fascinantemente inteligente, son ejemplo para perseguir sueños, cumplirlos y disfrutarlos. Y entre ellas una forma precisa, delicada y perfecta de tratar grandes temas de la adolescencia, sin caer en tópicos, censuras, exageraciones ni tonterías, siendo estos un elemento más de la historia y no el único centro de ello.

