Además de "vivir" en un pueblo, vivo en un pueblo de la sierra madrileña. Esto es, que mientras los fines de semana yo me dedico a viajar hasta la capital (osease, la civilización) el resto de la población de la capital se dedica a subir a mi pueblo en busca del aire puro que no tiene Madrid. Sumando a que la carretera que lleva a mi casa es camino de procesión religiosa, ermita, parque, chalets y buenas vistas, salir un domingo se convierte en un reto.
La carretera está copada por los ciclistas, que llevo toda la vida pensando que son unos suicidas, porque que me cuenten a mi si no se pueden ir a pedalear a zona con más curvas y menos seguridad. Os aseguro que no son ni uno ni dos, un domingo por la mañana no he terminado de adelantar a uno cuando ya estoy viendo a otro.
La gente que camina por los laterales de la carretera tampoco se tiene mucho aprecio a si misma. Cruzan en donde menos visibilidad hay (el chiste es que un par de metros después tienen un paso de cebra) y van sin mirar y sin controlar al perro/niño/bicho irresponsable que traen consigo.
Por si fuera poco los coches tampoco van muy inspirados. Entre el abuelo que va haciendo zigzag porque no ve y el que juega al rally vete tu a saber porque puedes esperaste cualquier cosa. Sin olvidar a las estrellas del asfalto, quarks y motos, alias "molo y por eso voy como me place".
¿En serio los sábados por la noche son el punto negro de las carreteras? Será que los domingos por la mañana Dios escucha las misas, se siente culpable por tocarse tanto el pie y nos protege a todos un rato, porque sino no me lo explico.
Había oído tantas halagos para "Tiana y el sapo" que me moría por saber si realmente Disney iba a dejar de estafar a las niñas realmente, o lo de la princesa independiente era una artimaña publicitaria. Segundos después de terminar la película, os voy a lanzar el spoiler y la realidad: una vez más, Disney enseña la lección equivocada.
No sé quién es el genio que se creía que el error de las películas Disney era decirle a las niñas que el único objetivo en la vida debía ser casarse con un príncipe. No digo que no sea ese el error, pero es que hay mucho más junto a esa idea y todo ese mucho más está aún en Tiana. Es una princesa pobre con sueños, lucha por ellos, cree que el trabajo es lo esencial y no está interesada en buscar marido como su antagonista (Lottie), pero, la moraleja de la historia es: lo que necesitas, no es lo que quieres, lo que quieres es un restaurante, lo que necesitas es UN PRÍNCIPE. Tiana se casa con el príncipe (que por cierto de la noche a la mañana pasa de mujeriego a enamorado, otra terrible lección para las niñas: enamórale y cambiará) y únicamente consigue su restaurante cuando se ha casado y él (aquel tipo vago que no sabe mi picar una seta) la ayuda.
Dejarme que me ría. La princesa será negra (tras 45 años desde la aprobación de los derechos de los negros en EE.UU. creo que ya era hora, no celebremos algo que llega MUY tarde), la princesa querrá un restaurante y la princesa querrá trabajar, pero la realidad es que hasta que no tiene al príncipe no logra nada de eso y que todo el mundo la dice que debe tener un príncipe a su lado. Me siento tan estafada. Nada cambia en este mundo de valores superfluos e irreales, las niñas seguirán muriendo por un príncipe, sin saber que los príncipes no existen.
"Es como el psicópata que me susurra al oído, no me dice nada pero descubre todo. Me siento en El Silencio de los Corderos, con aquella famosa frase de susurrante locura ‹‹Buenas noches, Clarice››. Me siento Clarice"
Ella no pudo evitar reírse. Clarice. Clarice fuerte, Clarice valiente, Clarice maduro, Clarice vestido de negro. Él también sabía que todo aquello era una tontería, pero en su interior tenía terror. Las cosas habían perdido el sentido hace mucho y cada vez se tornaban más absurdas, pero sobretodo más dementes.
En la peor de las situaciones todo le daba igual. A veces sentía que tenía muy poco que perder. Ni siquiera la princesa terminaba de ser su princesa, ni el proyecto de castillo encontraba sus ladrillos. Quería una y mil cosas y no iba en camino hacia ninguna. Pero una vez más, eso no era novedad. Quizás por eso no importaba si Hannibal aparecía y directamente se lo comía.
El problema era que el morbo no se encontraba en comerse a Clarice, sino en que dejara de sonreír. Y lo lograba, por algo ahora aquellos ojos aterrorizado miraba. La princesa, que no le dejaba catar su boca de fresa, soltó una maléfica carcajada y quitó fuerza a sus palabras. Él se quitó el vestido de Clarice y dejó de discutir. ¿Por qué sentía que le quedaban mil batallas peores en su vida? "¿Peores? Oh, Hannibal, acaba con esta agonía".
A pesar de los miles (bueno, igual exagero) de libros que me han mandado leer en mi maravillosa y protofantástica carrera de filóloga inglesa, tuvo que llegar Jane Eyre, las ganas de desconectar y un estilo literario terriblemente adictivo (el de Charlotte Brontë) para que yo lea, de principio a fin, una lectura obligatoria de la facultad. Y no ha sido fácil, ¿eh? El librito se las trae de largo. Que nadie se llame a engaño creyendo que me lo he leído en inglés, eso ya es mucho pedir para semejante novela y mente perezosa.
Bueno, iba yo a hablar del libro. Es increíble como una historia tan llena de paja, represión y buenas maneras enganche tanto. Será que siempre está pasando algo, será ese punto de misterio que aparece a mediados de libro o serán las ganas de saber que le sucede a un personaje tan complejo y a la vez tan tonto, pero el libro se deja leer. Empiezan aquí los spoilers (aunque muy lights).
Jane, muchacha rebelde e incomprendida, acaba siendo mujer estricta consigo misma, de principios románticos (y, aunque parezca contradictorio, religiosos y morales) hasta la médula pero sin perder las ansias de libertad infantil. Vivir los diez años de un personaje maltratado por el destino, pero a la vez tan estoico y resignado, hace reflexionar sobre que clase de orgía imaginativa y filosófica vivieron las hermanas Brontë.
El caos moral, amoroso y social que se presenta tanto en Jane Eyre como en Cumbres Borrascosas (de Emily Brontë) no deja lugar al análisis de detalles estilísticos (las escenas góticas, los paisajes naturales, las eternas descripciones o los diálogos absurdos -gran defecto de Jane Eyre, muchos diálogos no tienen ni pies ni cabeza-). Las Brontë o veían telenovelas mexicanas (wtf?) o habían visto más mundo del que aparentaban.
Con Internet han topado. Cómo se nota que la ministra es de la "industria", que a ella la invitan a los estrenos de cine y no sabe que cada entrada ya vale más que un menú del día. Sino, no se habría metido en este berenjenal: angelico mío, esto acaba de empezar y lo vas a pasar mal. Evaluemos el peliagudo tema, y empezamos con el contador a cero (0).
Llegan tarde (como siempre, que de verdad parecemos tontos, tanto tiempo en el planeta y todavía no vemos venir los problemas) los intentos para frenar una industria (la del cine y la de la música) que ya está abocada al necesario cambio y adaptación a Internet, cambio que como cada vez que hace falta un cambio se hará mal, a regañadientes y aumentando las eternas listas del paro españolas (que no avanzan por estas cosas, porque no somos capaces de adaptarnos). En fin, mi argumento número uno es: sí, la industria está en crisis (¡que novedad!), las descargas han cambiado el mercado, y eso traerá desempleo (y no precisamente desempleo para los cantantes y productores ricos, sino para el que trae cafés en la discográfica, que a menos ganancias por ventas, más recorte de personal). Menos uno (-1) para Internet.
Ahora, que no nos estafe nadie. Cada dos por tres vemos a un artista llevarse discos de oro, plata, platino, diamante y diversas joyerías por super ventas en cedés. Los récords de recaudación de las películas cada vez dan más miedo (más miedo incluso que lo que cuesta hacerlas). ¿Qué crisis es esta? Los precios, desde luego, son de crisis, de crisis histérica que te da de pagarlos, tanto en cine, como en música como en literatura. ¿Son esos precios reales o quién no debe se lucra con ellos, como pasa con los canons-hasta-para-mear de SGAE? ¿Es la inflación o las ganas de forrarse antes de que se les acabe el chollo? Sinceramente, y conociendo poco o nada la industria, me da que las ganancias están muy mal repartidas y no hay ninguna reinversión de las mismas en la industria (especialmente en la música, que realmente la necesita, ojalá dejen de gastar en abogados para ir contra la descargas y empiecen a pagar creativos que busquen soluciones al problema). Menos uno para Sinde (-1) y estamos empate.
Aquí, quién más quién menos es creador. Todos escribimos, componemos, fotografiamos, pintamos y demás actividades con pasión, y el sueño de muchos es vivir de ello. Que nuestras creaciones nos den de comer. Es lo justo, lo que la sociedad en la que vivimos nos ha enseñado, y lo que toca hasta que a Chávez se le crucen los cables, saque a los ejércitos y se instaure el comunismo. Estoy segura, además, de que pagamos con gusto por aquello que nos apasiona, ¿quién no quiere dar dinero a los artífices de esa canción que nos hizo enamorarnos? ¿porqué lo pagamos entonces? Quizás porque en este país el pícaro es el rey, se presume de ser obtener las cosas de gratis al margen de la moralidad, nos gusta ir contra las normas (que no las leyes, sino las normas no escritas del mercado y la sociedad) y disfrutamos estafando hasta a nuestro mejor amigo. Dejemos de ser tan hipócritas, mucha cultura libre pero bien que vivimos con fervor el capitalismo. Menos dos (-2) para Internet y para todo el país, que si dejáramos de defraudar a Hacienda y al INEM, las cosas nos irían mucho mejor.
Las webs de enlaces son mis fuentes de ocio, ¿porqué? Porque yo no tengo acceso a un televisor. Si quiero ver un programa de TV, me hago amante de las webs de la cadena que lo produce (que gracias a la TDT empiezan a subir todo a Internet) y si quiero ver una serie (en versión original subtitulada, obviamente) me voy a una web de descargas, y me la bajo. No me puedo comprar el DVD porque todavía no ha salido. No la puedo ver en la tele, porque además de que no tengo tele, hay muchas series que no llegan o llegan muy tarde a la tele. ¡Qué de cosas nos vamos a perder si no se pueden bajar más series! Qué poco inglés vamos a aprender, by the way. Las webs de descargas no solo traen música y películas gratis, sino series y películas que nunca llegan a España y versiones originales que no se ven en el cine (porque a los cines VOS llegan la mitad de los estrenos) [y aquí me planto, que si hay que a dar hostias a una industria absurda es a la del doblaje, que limita y destruye producciones originales -pero eso lo dejo para otro día-], descargar amplía nuestra visión del ocio, lo que tenemos nos limita, no prohibamos el multiculturalismo, por favor. Menos dos (-2) para Sinde y más mil para sean los usuarios los que decidan que ver y no los productores y directivos de cine y televisión.
Y esto, para mí es un empate (2-2) entre unos y otros. No hay una solución sencilla. Internet es un vacío legal eterno, su globalidad hace que sea imposible controlar lo que sucede en él. Pero su globalidad es la que nos hace más cercanos a lo que antes era inalcanzable, la que nos enseña lo que hace años no podríamos saber y la que nos hace crecer y mejorar hasta límites insospechados. A la hora de definir que es legal y que no en Internet no podemos depender de un gobierno de un país, es momento de unirse entre todos y garantizar que los derechos básicos (y no entraré en cuáles son esos) no se vulneran en Internet, pero despacito y con buena letra, sin censuras. La industria creativa debe cambiar y dejar de ser para ricos sin hacerse gratuita, el cómo debe buscarlo ella misma, o morirá en la gratuidad en la que se está abocando por momentos pero que no se moleste en buscar la solución en una ley, porque no lo logrará.
La ley Sinde es una locura en todos los sentidos, puesto que no solo está llena de ambigüedad (y con ello de arbitrariedad) sino también es una batalla perdida porque esta guerra ya está ganada, el poder lo tienen los usuarios, ya que al margen de las leyes, ellos son crítica, creación, consumidor y voz y no hay usuarios más cultos, creativos e inteligentes que los de Internet. No tengo ninguna duda en que obtendrán lo que quieren, solo espero que no sean irrealistas con sus reclamos (cómo está empezando a verse). Que la naturaleza reparta energía para tanta pelea dialéctica a la que me niego a sumarme, podéis estar o no de acuerdo, yo estoy dividida, por lo tanto cierro aquí el debate.
Posdata: ¿Ramoncín tiene vida?
Si alguien se lo pregunta, no, no logré quitar la nieve.

